Leidy Reina Guerrero, la memoria viva de la vocación de servicio

01 diciembre 2022

Hace 27 años llegó el Servicio Jesuita a Refugiados a Colombia y desde hace 15 trabaja con nosotros una persona que ha entregado su vida por la misión de acompañar, servir y defender. Leidy Reina Guerrero es una mujer bonaverense, madre, abuela y trabajadora incansable. Al día de hoy es la persona que más tiempo ha colaborado con el JRS/COL y su historia es también la historia de nuestra organización.  

Leidy Reina, orgullosamente vallecaucana, creció en una familia numerosa. Su madre tuvo 6 hijos, por lo que la situación en su familia fue, según narra, difícil. “He tenido una vida dura porque empecé a trabajar desde los 13 años. Muy pequeña. Me tocó porque a mi mamá le quedaba muy duro mantenernos a todos, entonces yo me fui a vivir y a trabajar a una casa de familia”, comenta. Desde entonces ha trabajado sin descanso.  

Trabajó durante toda su adolescencia como empleada en una casa de familia, lugar donde creció y aprendió lo que hoy en día todavía ejerce. Luego trabajó en la Pastoral Social y en la Diócesis de Buenaventura, en donde comenzó su vida en organizaciones católicas y descubrió que quería seguir acompañando la misión de ayudar a las personas más vulnerables. “Allá comenzó todo lo mejor para mí, para mi esposo y para mis hijos”, recuerda.  

“En 2008 llegó al segundo piso de la Diócesis el Servicio Jesuita a Refugiados. Y entonces ellos me veían que yo trabajaba medio tiempo y me hicieron la propuesta de trabajar el otro medio tiempo con ellos”, cuenta Leidy sobre cómo conoció el JRS. Recuerda que la primera oficina en la que estuvo era un espacio muy pequeño en el centro, desde entonces ha acompañado la organización en un tránsito extenso entre todas las sedes de la oficina territorial Valle del Cauca, pasando por los barrios El Jorge, Nayita, Modelo, La Transformación y finalizando actualmente en el barrio La Gran Colombiana.  

Se levanta todos los días a las 5 de la mañana para dejar su hogar arreglado, preparar su almuerzo y así poder “echarse una siestica” en la hora de descanso del medio día. Llega a las 8 de la mañana a la oficina y se dispone inmediatamente a trabajar. Es la encargada de dejar impecable la casa y de atender a las visitas. Dice que su café es irresistible y que solo con el olor provoca hasta a los que dicen no tomar. Reconoce que su trabajo es muy exigente y que mantiene todo el día marchando de un lado a otro, pues, según comenta, “me gusta que las personas llegan y digan: qué casa más bonita y ordenada”. A pesar de la exigencia de sus labores, no las encuentra tediosas, pues es una mujer ordenada por naturaleza y que disfruta de tener actos de servicio con las personas.  

Un trabajo tan dedicado ha tenido siempre una motivación clara: sus tres hijos. Gracias a tantos años de incansable entrega logró que su hijo mayor realizara un seminario con los Salesianos de Medellín, su hija del medio una carrera técnica y su hijo menor una carrera de pregrado. Los logros de su familia son su mayor orgullo, pero las dificultades que han tenido que pasar por el contexto de violencia que se vive en Buenaventura son su más profunda tristeza. Cuando le preguntan qué es lo más doloroso que ha pasado en estos últimos 15 años no duda de la respuesta. Con la voz quebrada recuerda que su hijo menor debió salir de Buenaventura para evitar ser reclutado por grupos armados del distrito y que recién comenzaba la pandemia del COVID-19 un sobrino suyo fue asesinado mientras caminaba por el barrio.  

Son tal vez estos azares de la vida lo que la han hecho una mujer fuerte, amorosa y dedicada a los actos de servicio. Desde hace años es parte activa de las comunidades religiosas de los barrios en los que ha vivido. Cuando no está trabajando, se le ve en la iglesia del barrio Miraflores, pues en lo que más disfrutar invertir su tiempo libre es en colaborar en las actividades de la iglesia. 

En sus 15 años siendo parte del JRS ha cumplido muchos de sus sueños, entre ellos terminar su bachillerato y realizar un estudio como auxiliar administrativa, y todavía quedan más por cumplir. Tiene claro que sus siguientes objetivos son tener una casa propia para no deber a nadie y llegar a pensionarse para disfrutar de los años de tanto trabajo sin pausa.  

Leidy Reina es un ejemplo de vida y de vocación para quienes hemos elegido el camino personal y profesional de ayudar a quienes lo necesitan. Hoy celebramos su entrega y dedicación absoluta durante tantos años. Esperamos seguir siendo el hogar en el que pueda continuar cumpliendo sus sueños y ayudando a su familia, pero también el lugar desde donde puede aportar a ese deseo profundo que nos une a todos quienes hacemos parte de la organización: acompañar, servir y defender a las personas vulnerables de nuestras comunidades. 

Para cerrar, Leidy quiere compartir un mensaje toda la organización y con quienes nos leen de afuera: