Daisy Torres, la emprendedora venezolana que ve en su negocio una oportunidad para integrarse

27 junio 2022

Mi nombre es Daisy Torres y soy venezolana. Actualmente resido en la ciudad de Pasto, tengo un emprendimiento de postres con el cual recibí ayuda de parte del Servicio Jesuita a Refugiados para fortalecerlo y de ante mano, doy las gracias al JRS porque me han ayudado mucho y me han tenido mucha paciencia.

Para mí, el emprendimiento es una de las mejores cosas que me ha pasado, vengo de una crisis en Venezuela y al principio tenía mucho miedo de salir a vender mis productos a la calle porque mi profesión es ser profesora y empezar a comercializar postres fue complicado, pero la gente colombiana fue muy receptiva y las personas del edificio me empezaron a comprar porque mis postres son muy ricos y ahora existe un aprecio mutuo.

Aunque al principio me costó mucho, yo soy una mujer de oración y yo le decía a Dios “quítame esta soberbia, o sea, como la pena de llegar a las personas”, y hoy en día salgo a la calle una vez a la semana porque ya tengo mi clientela aquí en el condominio; vendo salpicón, arroz con leche, torta de marquesa y también vendo fresas con crema.

Gracias a mi emprendimiento he podido comprar zapatos, ropa y todas las cosas que necesito, también puedo enviar dinero a mi hijo que aún vive en Venezuela y no quiso migrar y además, puedo colaborar aquí en la casa con las cosas que se necesitan.

Gracias a Dios yo no he sido víctima de xenofobia pero hay venezolanos que se portan mal y a veces la excusa es que están jóvenes, pero no es cierto, tengo hijos jóvenes que no hacen daño, pero a veces también los colombianos exageran y eso es normal. Es importante entender que estamos en un país diferente y que aquí nos han ayudado mucho como en mi caso que me ayudaron a fortalecer mi emprendimiento y gracias a eso, he podido establecerme mejor económicamente y ayudar a mi familia que sigue en Venezuela.

El mensaje para los venezolanos que se portan mal es que no sean mal agradecidos con la oportunidad que Dios, la vida y los vecinos les han dado, ¡no seamos mal agradecidos porque el puro hecho que nos acepten ya es una bendición! A veces dicen que es xenofobia pero muchas veces es porque se portan mal. Y a los buenos colombianos, les doy las gracias por tantas oportunidades.

Cuando los colombianos migraron a Colombia nosotros los ayudamos y acá lo que pedimos también es respeto, ¡pero el respeto es mutuo!, los venezolanos también tenemos que respetar. Estoy muy agradecida con las Jesuitas porque tienen muy buena calidad humana y tienen buenos profesionales.

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