Jairo Montero, el migrante que ha unido venezolanos y colombianos a través del baile

29 junio 2022

Jairo Montero tuvo que migrar hacia República Dominicana el 26 de julio de 2017 por la fuerte crisis económica y social que vive Venezuela. Una vez allí, por su condición de migrante, pagó caros impuestos que afectaron su situación económica. Sin embargo, no todo fue un trago amargo. En este país conoció grandes personas. Una de estas, le habló de un destino impensable. Una ciudad llamada Pasto, ubicada en el sur de Colombia. Él, que nunca había escuchado de este lugar, sintió una fuerte curiosidad y tras indagar un poco sobre su gente y cultura, comenzó a pensar que era un ciudad donde «todos eran negritos». No sabemos si por el Carnaval o por las versiones de sus amigos. Pero el no sabía lo que la vida le tenía preparado en esta ciudad.

Él se llenó de coraje y  a las 7:00 de la noche de un 11 de octubre de 2017, pisó suelo nariñense. Cuando entró a Pasto le impactó mucho las personas que se encontró. Entre risas, él cuenta que disfrutó mucho su llegada a la ciudad. Según Jairo, en 2017, no habían muchos migrantes provenientes de Venezuela en la ciudad pastusa, por lo que al comienzo le fue muy difícil adaptarse: “estar en otro país y vivir otra cultura, no es fácil”, aseguró.

Un día conoció a un hombre que vendía prendas en acero, y gracias a su particular carisma, logró ganarse su confianza. Meses después de trabajar con él se destacó como el mejor vendedor. Poco a poco fue aprendiendo el oficio y viajó a muchos pueblos de Nariño. Así, paso a paso, un día dejó de vender prendas de acero para ofrecer desayunos, café, salpicón y las «tizanas» como las llaman en Venezuela. Con este nuevo oficio logró ganar dinero suficiente, no solo para pagar sus gastos, sino también para ayudar a sus padres que se quedaron en su país.

Encontrando su razón de vivir: la llegada al baile

Este hombre de tez canela y contextura delgada, siempre tuvo claro que su razón de vivir era el baile. Por eso llegar a otro país a hacer algo completamente diferente le resultó embarazoso. Pero con la suerte de su parte, un día conoció a una persona de una academia de baile que le abrió las puertas para que se desempeñara como instructor.

Desde ese momento, el baile le volvió a sonreír a Jairo. Poco a poco se posicionó como uno de los mejores bailarines de la ciudad, llegando a representar al departamento nariñense en escenarios de competencia nacional, llevándose incluso, el primer puesto.

 “Escuela Artística de Formación Continua – Ballet Folklórico Raíces” es el nombre de academia que Jairo logró fundar el año pasado. Está integrada en su mayoría por migrantes provenientes de Venezuela y algunos otros colombianos que también han sido víctimas del conflicto armado. El grupo ha buscado promover un espacio alternativo para la integración cultural y social abogando que al interior de la academia «no existen fronteras, somos solo uno».

Actualmente, debido a la pandemia, los integrantes del grupo están dando clases de baile y rumba terapia para las familias a través de diferentes canales digitales. “Quiero ser transportador de buenas noticias y esperanza. Hoy los medios de comunicación sólo dan malas noticias. Con mis clases de baile pretendo que las familias disfruten y despejen su mente, se rían y compartan un mensaje de esperanza en medio del encierro”, aseguró Jairo, líder de la academia.

A pesar de todo lo positivo, Jairo no puede olvidar la situación que enfrentan sus connacionales. Migrantes forzados que debido a la crisis han tenido que abandonar sus hogares para encontrar un mejor porvenir: “ser venezolano es como un pecado, por cosas que han hecho otras personas. Por eso quiero recordar que por una sola persona no se puede señalar al resto. Hay venezolanos buenos que se esfuerzan día a día para crecer y demostrar que los buenos somos más. Nunca me alcanzará la vida para agradecer las oportunidades que Dios me ha brindado en esta ciudad”, aseguró Jairo.

Quiero recordar que por una sola persona no se puede señalar al resto. Hay venezolanos buenos que se esfuerzan día a día para crecer y demostrar que los buenos somos más
Jairo Montero, director del Ballet Folclórico Raíces